El sector automovilístico no solo se está moviendo más rápidamente que las autoridades y los gestores de infraestructuras en el despliegue del vehículo autónomo (AV en inglés), sino que lo está haciendo de manera independiente. Además de que la venta de vehículos sea el core de su negocio, el motivo principal de esta decisión es que cualquier modificación en la red actual involucra decisiones políticas que ralentizan el despliegue. Por esta razón, la realidad es que el sector del motor está desarrollando tecnología para ser autosuficiente en el corto plazo.

Sin embargo, ¿es suficiente para garantizar el éxito del vehículo autónomo? Debido a que la respuesta no es sencilla, hay tres corrientes de pensamiento:

1. La infraestructura es prescindible
Algunas empresas como Uber y Waymo están desarrollando sus propios vehículos con un importante bagaje tecnológico. El objetivo es ser independientes de factores externos y comenzar a prestar un servicio de transporte ride-hail lo antes posible.

Fuente: Duke Science & Society

En la actualidad, estas flotas están siendo probadas en EE.UU. sin ninguna mejora en la infraestructura. Para ello, los ingenieros están enseñando, por repetición, a los vehículos a actuar en diferentes situaciones (intersecciones, atascos, peatones) apoyándose en tecnología que permite al vehículo una planificación de viaje de hasta 300m.

Este hecho tiene dos connotaciones:

  • La alta carga tecnológica embebida en los vehículos provocaría precios altos que limitarían la penetración de estos en el mercado.

  • La visión de 300m garantizaría la circulación en condiciones de seguridad. Sin embargo, la fluidez de los vehículos no sería la esperada si no se realiza una constante actualización de los mapas embarcados en el vehículo.

Algunos aspectos para reflexionar sobre este planteamiento:

  • ¿El alto coste de los vehículos podría ralentizar el despliegue de AV? ¿Provocaría que solamente fuera accesible para grandes flotas y no para el consumidor individual?

  • ¿Son todas las señales homogéneas y están a la vista?

  • ¿Afectan las condiciones climatológicas a la fiabilidad de los sensores?

  • ¿Quién llevará a cabo la actualización continua de los mapas? ¿Existe actualmente este modelo de negocio?

  • ¿Van los gobiernos a permitir la circulación sin una redundancia de sistemas para garantizar la seguridad?

2. La infraestructura es esencial
El coste de los vehículos sería menor si parte de la carga tecnológica se descargara en la infraestructura: agilizaría el despliegue y fomentaría la propiedad privada.

Los sistemas que se implementarían en las carreteras ya se han probado en el sector de las telecomunicaciones (Het-Net,5G, DSRC, WIFI, LTE…). Por lo tanto, parece sencillo hacer pequeñas modificaciones para darles un uso diferente al tradicional.

Sin embargo, esta vertiente también tiene algunos aspectos sobre los que pensar:

  • ¿Están las autoridades dispuestas a destinar parte de los presupuestos para modernizar las carreteras? ¿Colaborarían las autoridades de diferentes países para crear un entorno que garantizara la interoperabilidad?

  • ¿Cuándo tendría lugar? ¿Es la Administración suficientemente ágil para adaptarse a las nuevas formas de movilidad?

Estas cuestiones están más relacionadas con decisiones políticas que con problemas tecnológicos, lo que hace que esta tendencia sea la menos seguida, ya que el sector de la automoción no esperará a que se produzca una adaptación completa de la red para poner en producción sus vehículos.

3. La infraestructura es complementaria
Tal vez la mejor receta para el éxito sea una mezcla entre las dos opciones anteriores. El sector de automoción va a seguir trabajando en su tecnología (LIDAR, GPS, aprendizaje mecánico…) y la infraestructura necesita empezar a pensar cómo prepararse para el futuro.

El período más peligroso será cuando los vehículos convencionales y automatizados coexistan en nuestra carretera. Para este periodo, el objetivo principal debe ser trabajar conjuntamente para diseñar, actualizar y adaptar tanto elementos físicos como digitales para permitir un tráfico seguro y eficiente ya que para un vehículo autónomo el comportamiento de un conductor convencional es desconocido. Por esta razón, las infraestructuras durante los primeros años podrían estar sobre equipadas para garantizar la seguridad. Sin embargo, una vez que la penetración del vehículo autónomo sea mayor, se espera que las infraestructuras solo sean necesarias en los puntos identificados como ciegos.

Fuente: INFRAMIX

Por tanto, parece razonable pensar que la colaboración entre ambos sectores permitirá tanto una circulación segura de los vehículos como la optimización de las inversiones en la red. Actualmente, algunos proyectos europeos están trabajando en esta dirección ya que parece la mejor forma de garantizar el éxito de los vehículos autónomos.