El aprendizaje continuo es, sin duda, una de las aptitudes que nos convierten en mejores profesionales. Aquellos que se mantienen curiosos, abiertos a aprender, dispuestos a hacer las cosas de forma diferente y a implementar nuevas técnicas y herramientas que optimicen las tareas del día a día tienen una ventaja competitiva frente a quienes optan por una actitud más pasiva. La curiosidad, sea innata o entrenada, es como un superpoder que nos hará las cosas un poco más fáciles en este contexto laboral cambiante en el que nos encontramos, especialmente ahora que las tecnologías disruptivas como el Big Data, la Inteligencia Artificial o el Internet de las Cosas son protagonistas en el tablero de juego. Lo siento, ya no vale mirar hacia otro lado y, por eso, este superpoder que es la capacidad de mantenernos al día y de ir un paso más allá de nuestra zona de confort, es indispensable si queremos garantizar nuestra competitividad en un mercado laboral cada día más exigente.
Según el informe “Jobs lost, jobs gained” del McKinsey Global Institute, la automatización y la inteligencia artificial podrían obligar a entre 75 y 375 millones de trabajadores en el mundo a cambiar de ocupación antes de 2030. Precisamente, estamos cansados de escuchar que muchos trabajos tal y como los conocemos ahora dejarán de existir, y que otros nuevos surgirán en su lugar. Si sospechamos que el nuestro pueda estar al borde de la extinción, estaría bien comenzar a plantearnos algunas preguntas: ¿cómo garantizo mi lugar en el mercado laboral?, ¿qué capacidades necesito para no quedarme atrás? ¿cómo puedo seguir aportando un valor diferencial en mi puesto de trabajo?
Si me preguntas, las respuestas pasan por tu predisposición para aprender y tu capacidad para adaptarte al cambio, o, dicho de otra forma, por curiosidad y resiliencia. Precisamente aquí entran en juego conceptos como el “reskilling” y el “upskilling”.
El reskilling o recualificación consiste en aprender habilidades completamente nuevas para desempeñar un trabajo diferente, es decir, formarnos para adquirir nuevos conocimientos que nos abrirán puertas para desempeñar un nuevo rol o profesión.
Por otro lado, el upskilling o mejora de las competencias, consiste en perfeccionar o ampliar las habilidades dentro del mismo ámbito profesional; sería una evolución dentro del mismo puesto profesional.

La presión que percibimos ante esta necesidad de mantenernos siempre en la cresta de la ola de los últimos avances y tendencias puede sentirse ligeramente abrumadora, especialmente en un momento en el que el progreso avanza a pasos tan agigantados que cuesta cogerle el ritmo; lo que aprendimos hace un mes, puede quedar obsoleto al siguiente. Por ello, lo importante será ser prácticos y aprovechar las oportunidades que estén en nuestra mano. ¿Cómo? Invirtiendo nuestro tiempo y esfuerzo de forma consciente y enfocada en nuestros objetivos individuales y en nuestras circunstancias profesionales. El fin será asegurarnos de que habrá un retorno tangible, ya sea ganar practicidad, eficiencia y/o, por qué no, la satisfacción personal de aprender algo nuevo.
Además de todo esto, no podemos olvidar nuestras capacidades blandas o soft skills, que es imperativo seguir reforzando y que, por cierto, no pasan de moda, ni quedan obsoletas. Y es que a la par que las tecnologías disruptivas se posicionan en la pirámide de los “must do”, también lo deben hacer nuestras habilidades más humanas: capacidad de liderazgo y gestión de equipos, adaptabilidad al cambio, trabajo en equipo, inteligencia emocional, pensamiento crítico… Al final del día, las nuevas tecnologías van a sustituir lo repetitivo, pero de ninguna forma lo humano, porque el entendimiento de las emociones, la gestión de las relaciones, el discernimiento para tomar decisiones en contextos ambiguos, en resumen, nuestra capacidad para aportar valor en entornos complejos, requieren de unas habilidades transversales a las que, al menos a día de hoy, la IA no alcanza.
Pregúntate sin prisas ni presiones, ¿qué está en tu mano para convertirte en un mejor profesional en tu puesto de trabajo? ¿qué competencias hard o soft puedes empezar a cultivar o seguir cultivando más y mejor para darle un impulso a tu carrera? ¿Qué habilidades admiras en otros compañeros, responsables, o amigos que te gustaría poder desarrollar tú mismo?
Aunque suene un poco a cliché, nunca es tarde para seguir aprendiendo y formándonos, lo único que nos hace falta son las ganas de impulsarnos un poquito más allá de nuestra zona de confort, alimentando esa curiosidad que habita en nosotros. Te invito a coger papel y boli y hacer un listado de aquellas habilidades y competencias que pienses que pueden contribuir a hacer de ti un mejor profesional. De todas ellas, escoge al menos un par en las que te gustaría enfocarte este año y trazar un breve plan de cómo puedes lograr tu objetivo.
Puedes empezar con algo pequeño, familiarizándote con nuevas herramientas o explorando formaciones online sobre temáticas que sean de tu interés, puedes partir también de alguna necesidad concreta que haya surgido en tu equipo o departamento y que te apetezca asumir como un reto profesional.
Estarás así entrenando tu curiosidad —una soft skill en sí misma—, que será siempre una buena compañera de viaje, al tiempo que añadirás nuevos aprendizajes a tu mochila.
En el contexto en que vivimos, parece complicado hacer predicciones sobre cualquier cosa, pero si algo es seguro es que, si pones tu curiosidad a trabajar, te convertirás en una versión de ti mismo que estará mucho más preparada para superar los retos que acompañan al cambio. No necesitamos tener todas las respuestas, pero sí explorar, probar y aprender para asegurar, al menos, que estamos dispuestos a hacernos todas las preguntas.